MANTENER EL CONTROL

Pautas para mejorar el comportamiento de los hijos.

Cuando un niño es pequeño y hace algo que nos disgusta, como, por ejemplo, manipular un objeto que puede entrañar peligro, simplemente lo guiamos y le retiramos ese objeto. Con niños mayores y adolescentes no podemos ejercer un control de esa manera. Con niños mayores el control se consigue de forma más efectiva cuando son los padres quienes controlan y gestionan aquellas cosas que el niño quiere o desea. Los padres hacen que estos privilegios estén disponibles de forma condicional a que el niño se comporte de una forma concreta o realice una tarea precisa. En este sentido, las cosas que el niño desea realizan el control por los padres. Por ejemplo, el uso del teléfono móvil o los videojuegos pueden ser una de esas cosas que son extremadamente valiosa y puede constituir una herramienta muy útil para motivar a los chicos a realizar aquello que queremos que hagan.

Por otro lado, mantener la habitación ordenada o las tareas completadas puede ser muy valorado por los padres, aunque no por los niños. Por tanto, los niños se pueden resistir a ordenar su habitación o a completar las tareas. En lugar de andar detrás del chico o adolescente atosigándolo para que haga su tarea o limpie su habitación, los padres simplemente pueden decirle: “Cuando tu habitación esté ordenada o cuando hayas completado las tareas, podrás usar el móvil.” Es la disponibilidad del móvil lo que controla su conducta, no tú.

Retrato de niño sonriendo.https://abaintervencion.com/modificacion-problemas-conducta-malaga/

De una manera muy tranquila, aunque firme, directa y agradable le diríamos al niño o adolescente que tan pronto como tenga la tarea completada (o los juguetes ordenados), y hecha adecuadamente, podrá jugar a la videoconsola, usar el móvil o similar. Por supuesto que es probable que se queje y que os asegure que si le permitís jugar ahora a la videoconsola, terminaría su trabajo después. Son muchas las razones convincentes que los niños pueden crear para justificar su necesidad inmediata de usar o hacer aquello que desean. En este punto debes ser capaz de responder calmadamente como un disco rayado (pero con compasión), diciendo que sabes que está muy ansioso por hacer aquello. Que tan pronto como haya completado la tarea asignada, podrá hacerlo.

Por supuesto que es probable que haya pataleta y muchos comportamientos molestos y chinchosos  y, tal vez, incluso algunos comportamientos inapropiados verbalmente. Simplemente ignora toda esa basura, continúa con tus asuntos y deja que las consecuencias – que tú controlas –  controlen su comportamiento. Si el chico quiere continuar y perder tiempo, es su asunto. Continúa con lo tuyo y deja que él decida por sí mismo lo que quiere hacer con su tiempo. Lo importante es que tú controles aquellos privilegios que son valiosos e importantes para él.

No olvides ser razonable, es decir, no establezcas demasiadas condiciones para cada comportamiento. Sería contraproducente. Simplemente pondría distancia entre padres e hijos. Se podrían poner condiciones en no más de cinco áreas, lo que podría incluir el uso razonable del móvil, la realización de tareas y deberes domésticos, ser generalmente amable en la convivencia, llegar a casa a una hora razonable y completar y entregar las tareas de la escuela, incluida la asistencia regular. Una vez que los chicos aprende que el comportamiento razonable y responsable en estas áreas le proporciona una considerable cantidad de atención, así como un flujo de privilegios deseables, tenderá a comportarse adecuadamente en otras áreas también.

El papel principal de los padres es gestionar esto de manera consistente y uniforme. Esto quiere decir que si el niño se comportara de tal forma que perdiese algún privilegio por unos días, los padres no deberían dejarse llevar por la ira y retirarle éste durante un mes. Y en el otro sentido, si el /la niño/a se ha privado de la obtención del privilegio porque, por ejemplo, no hizo las tareas, los padres no deberían abandonar y permitirle al niño/a que acceda a ese privilegio como si nada hubiese ocurrido.  Supón que tras haber perdido el acceso al privilegio el/la niño/a acude a ti con una súplica tierna, arrepentida, humilde y sincera. Por supuesto, se trata de una solicitud vinculada a una situación de vida o muerte (léase con ironía). Podrías responderle, calmadamente y de acuerdo al plan:

 “Vaya, hijo, entiendo que realmente estás sufriendo mucho por la pérdida de tus privilegios. Lo siento muchísimo. Sé que tienes muchas ganas de (actividad deseada) y me alegra que en unos días esos privilegios vayan a volver a ser tuyos de nuevo.”

Si bien es cierto que el niño podría patalear, quejarse, gritar o dar golpes, no debes mostrarte intimidado por esto. Así, el chico captará el mensaje de que ¡tú eres quien manda! ¡Y eso es tan maravilloso…! Si cedéis u os negáis a ejercer este control, os sentiréis completamente desbordados y no tendréis ningún tipo de control. Como consecuencia, el chico podrá tener todo aquello que quiera sin necesidad de comportarse de una manera concreta. De hecho, así llegaría un punto en el que simplemente le daríais lo que quisiera solo para que os dejase tranquilos. En esta situación nadie gana nada. Los padres no habrán ganado el respeto de su hijo/a y las cosas solo irán progresivamente a peor.

Los niños aprecian cuando sus padres mantienen el control. Cuando los padres se resisten a sus intentos de intimidarlos, éstos se ganan el respeto de sus hijos. Es una buenísima idea que, siempre que sea posible, uses el tiempo a tu favor, poniendo tiempo entre una situación cargada de tensión y emoción y una decisión. Haciéndolo así, es mucho más probable que la decisión que tomes sea más razonable.